Descubriendo el propio cuerpo
La persona ejercita su sexualidad durante toda la vida, de modos
diversos y con prácticas acordes a su edad y estado.
Nuestro mapa erógeno
El ser humano, por su componente biológico, trae consigo
cierta información inherente a su sexualidad y orientada
a la continuidad de la especie, como otros animales. Pero por
su gran desarrollo mental y psicológico, jalonado por
siglos de cultura, hay todo un universo de posibilidades con
respecto a la sexualidad que hombres y mujeres deberán
aprender a lo largo de su vida. Los primeros años son
quizá los más importantes, no sólo por
la cantidad de datos que se puede aprender, sino porque las
experiencias de esta etapa nos marcarán para toda nuestra
vida.
Los niños exploran su cuerpo y el de otros a través
del juego, experimentando placer o displacer, y el modo en que
los adultos acompañen esa búsqueda los hará
convivir con su cuerpo y su sexualidad durante el resto de su
vida de una manera sana o patológica, placentera o dolorosa.
Se entiende por masturbación infantil todas las experiencias
placenteras que los niños viven en relación con
su propio cuerpo, principalmente con sus órganos genitales,
pero no en forma exclusiva. Otras zonas, como en general la
boca o el ano, y en particular cualquier lugar que se relacione
con una sensación placentera, conformarán luego
el mapa erógeno de cada persona.
Experimentar con naturalidad esas vivencias demanda de los padres
gran madurez, necesaria para hacer una contribución sustancial
a la estructuración de una sana sexualidad de los niños.
Esta intervención en la educación sexual se hace
conscientemente o no. Desde el momento mismo en que nace un
niño se está educando su sexualidad no sólo
con acciones y opiniones, sino también con prohibiciones
y omisiones.
Marco cultural
Cada sociedad estructura y lega, de generación en generación,
un modelo de comportamiento y un aprendizaje sexual, aprobando
o reprobando valores y comportamientos. Algunas de esas generaciones
introducen cambios, y el niño experimenta sobre esa base.
En el mundo actual, no obstante, la globalización de
las comunicaciones y la creciente estandarización de
las conductas hace que los valores y los objetos sexuales se
estén universalizando.
Sin embargo, muchos pueblos conservan costumbres que marcan
a sus miembros en el aprendizaje sexual. El hacer, tanto como
el no hacer, educa. Mostrar el propio cuerpo desnudo comunica
un mensaje y el ocultarlo tiene otro significado. El permitir
a los niños que toquen de una forma natural sus genitales
educa en una dirección, y el prohibírselos, en
otra. En cualquier caso, el resultado de estas influencias e
interacciones con las experiencias personales, a través
de la infancia y posterior adolescencia, estructurarán
el comportamiento sexual adulto, que será siempre personalizado.
En un contexto familiar y social el niño hará
su aprendizaje de la identidad sexual y los papeles masculino
y femenino. Estos se adquieren fundamentalmente en el hogar,
con los pares, maestros y otras personas que actúan como
moduladores y reforzadores. En otra esfera, el niño adoptará
comportamientos, acciones que llevan al descubrimiento del placer:
las autoestimulatorias o masturbatorias, y las hétero
u homo-estimulatorias. Intentará adquirir sus propias
acciones y las irá construyendo para toda la vida. Pero
falta la etapa donde pondrá en juego todo lo aprendido,
y que consiste en descubrir el amar y ser amado, la intimidad
y la capacidad de comunicación en las relaciones interpersonales.
Aprender jugando
Esa predisposición que los niños tienen de aprender
jugando con todo lo que los rodea y consigo mismos, es una actitud
natural y sana del conocimiento del propio cuerpo. Muchos adultos
imaginan que esa exploración es "sucia", y
tiene como único centro de interés los genitales.
Esto proviene de una errónea concepción de la
sexualidad, que la reduce a la genitalidad. La masturbación
tiene que ver con todo lo que produce placer, y esto incluye
todo tipo de caricias, la ternura y el afecto, es decir, todo
lo que produzca sensaciones placenteras. Esto es muy importante
para aprender a diferenciar lo que uno puede sentir, lo que
es gratificante, agradable, y lo que resulta displacentero.
Al contrario de lo que ciertos padres piensan, esa información
y nuestra educación puede ayudar a prevenir problemas
graves como el abuso sexual en la niñez y luego, incluso
en la adolescencia y la edad adulta. Es más frecuente
que se pueda engañar a un niño que no reconoce
su propia sensibilidad y que no ha sido acompañado en
el proceso de construcción de la propia autoestima.
Los padres deben, en este sentido, estar atentos y relajados
ante los signos de la exploración erógena de sus
hijos. Sin miedos, y sabiendo que siempre podrán consultar
a un profesional que los guíe, y deberán estar
dispuestos a responder a toda pregunta que los niños
quieran formular. Las dudas que ellos no resuelvan en casa o
el colegio nunca serán echadas al olvido sino que, por
el contrario, constituirán un centro de interés
y misterio. En todo caso, la pregunta de ellos funcionará
como un estímulo para resolver la falta de información
de sus propios padres, y podrá ser motivo de un nuevo
aprendizaje y crecimiento sexual. Este no termina al convertirnos
en adultos, sino que hasta la vejez deberemos seguir experimentando
y cambiando nuestros esquemas, si queremos gozar de una sexualidad
sana y placentera.