Otra mirada sobre el sexo
Tenemos que mirar a la sexualidad como una condición
de la persona integral: física, psíquica y social.
Condición vital
El hombre y la mujer son seres sexuados; nadie podría
refutar esta simple verdad. Pero cuando sostenemos que un bebé
que acaba de nacer es un ser con sexualidad... Cuando pensamos
en una anciana que yace en su lecho de muerte como un ser sexuado,
no es tan fácil sostener esa afirmación. ¿Por
qué?
Para explicar este problema -que tanto malestar y carencia de
calidad de vida genera en muchos- tenemos que mirar a la sexualidad
como una condición de la persona integral: física,
psíquica y social.
o Que el sexo es una condición física es evidente:
allí están los genitales, los caracteres sexuales
secundarios y funciones como la fecundación, la ovulación
o la erección para recordárnoslo.
o Que la sexualidad está anclada en la estructura psíquica
del ser humano, desde Sigmund Freud hasta hoy ha quedado más
que claro.
o Que lo sexual organiza en buena medida la vida social, las
relaciones entre las personas y la convivencia, ya es más
difícil de ver con claridad.
Sin embargo, si no vemos al sexo de esta manera compleja que
incluye lo cultural, lo legal, lo artístico, lo patológico
y hasta lo comercial, será siempre una esfera incógnita
para la mayoría. Tanto en su aspecto de género
(ser varón o mujer, más allá de los atributos
naturales físicos) como por sus implicancias a través
de la satisfacción vital que trae el placer, la sexualidad
se resiste a ser reducida a una simple y concisa definición
científica.
Funciones
Estamos acostumbrados a separar para comprender. Así
se organiza el conocimiento científico, que mira al humano:
o como una especie entre otras,
o como un organismo sano/enfermo,
o como un sujeto feliz/insatisfecho,
o como un engranaje adaptado/inadaptado de un mecanismo más
complejo, etc.
A raíz de esta manera de explicar la realidad, decimos
que la sexualidad tiene distintas funciones. De ellas, la más
clara e incontestable es la de la reproducción, la de
prolongación de la especie. Desde este punto de vista
nuestra sexualidad se apoya sobre fuertes estímulos instintivos
y aceitados mecanismos orgánicos. En esto nos parecemos
a otros -todos- los seres vivos: el mandato del instinto encadena
la conducta sexual. Pero a diferencia de otros seres, el hombre
y la mujer pueden planificar su función reproductiva
a voluntad, cuando cuentan con la suficiente información
y medios materiales. Hoy no se habla de reproducción
sino de reproductividad, es decir, la posibilidad y el derecho
de procrear que tienen las personas, lo cual no siempre se lleva
a cabo, al menos de la manera convencional. Hombres y mujeres
de todas las épocas, pero sobre todo en el mundo moderno,
deciden con más libertad y creatividad cómo resolver
este llamado de la naturaleza.
Tomar partido
Reducir a la sexualidad a la simple aunque maravillosa procreación
es perder una posibilidad mucho más rica y condenar a
los portadores de la condición sexual a una insatisfacción
vital. Unas cuantas miradas más, aunque no todas las
que existen:
o La condición sexual es una manera de expresarse del
ser humano en tanto parte de una realidad bipolar. Frío-calor,
negativo-positivo, pasivo-activo, femenino-masculino. Así
lo entendieron las antiguas culturas orientales de la India,
la China, el Japón, etc., donde la concepción
del Universo es explicada a través de esta diferencia
de los opuestos-complementarios. El equilibrio entre ambos principios
es el estado ideal y saludable, aun en un ser con un sexo concreto,
varón o mujer.
o Frente al poderoso llamado del instinto, el erotismo es una
dimensión propiamente humana de la sexualidad. Se expresa
libremente en la construcción de aquello que representa
el objeto sexual, más allá de las convenciones.
o Otros han decidido posponer temporaria o definitivamente la
actividad sexual para dedicar todas sus energías a un
estilo de vida espiritual, que requiere del celibato o castidad.
Hay quienes consideran a este último estado humano el
más perfecto. Otros lo interpretan como una autocastración.
Existe una tercera posición que no toma partido a priori:
experimentar es para ellos la única forma de poder ingresar
al centro mismo del misterio humano.