Pornografía y erotismo
A diferencia de la necesidad de procreación que mueve
a los animales, el ser humano se encuentra impulsado por otras
motivaciones.
Sexo y amor
La sexualidad constituye un plano esencial e irrenunciable del
ser humano. Desde el simple e imprescindible hecho de la fecundación,
hasta el desarrollo de las más intrincadas y elaboradas
fantasías sexuales, el erotismo está presente
cada día de todos los días de la vida de las personas.
Cada quien se define ante sí mismo y ante los demás
como un ser sexuado, hombre o mujer, y con determinados intereses
en cuanto a lo sexual: heterosexualidad, homosexualidad, bisexualidad,
onanismo, fetichismo, sadomasoquismo, voyeurismo...
Si bien distintas disciplinas y religiones han tratado de minimizar
el impacto de la sexualidad en la vida del hombre, ésta
siempre se ha impuesto por sí misma, influyendo en todos
los aspectos de la vida personal y social, desde la simple unión
de una pareja, hasta el desarrollo de poderosas industrias como
la moda y la pornografía, o la elevada inspiración
de los más exquisitos artistas. El sexo, como ingrediente
humano insoslayable, merece de nuestra más atenta consideración,
ya que la falta de satisfacción de esta esfera del ser
humano puede ocasionar no sólo infelicidad, sino enfermedad.
Desde Sigmund Freud hasta nuestros días, el tema de la
sexualidad ha sido intensamente discutido como fuente de salud
o patología, pero ya no es posible negarle un lugar dentro
de la intrincada y multiconectada realidad humana.
La disociación entre el amor y la sexualidad, cuya ligazón
es innegable, constituye tal vez la causa de muchas de las modernas
formas de insatisfacción y enfermedad. El erotismo, como
la cara "sexuada" del amor, se ha visto duramente
distorcionado, al punto de haber perdido su verdadera razón
de ser: la unión con "otro" en una relación
que constituye un "nosotros".
Erotismo u obsenidad
El erotismo es definido como el amor sensual, el carácter
de excitante que impulsa a desear a un objeto en el amor. Pero
cuando hablamos de objeto de amor, el objeto es en realidad
otro sujeto, una persona.
Cuando el objeto del erotismo se desplaza, y se centra no ya
sobre otro sujeto sino sobre el cuerpo despersonalizado, no
proporcionando la satisfacción del encuentro interpersonal,
se transforma en erotomanía. Al no poder satisfacer el
deseo con su verdadero objeto, nos fija en el proceso que seguimos
para conseguirlo, el acto sexual, el consumo sexual, el cual
puede volverse compulsivo.
¿Y la pornografía? Es la industria que se apoya
sobre esta necesidad insatisfecha para producir y vender productos
supuestamente eróticos.
En la opinión de muchos, estos productos en la forma
de fotografías, películas, videos, etc., reemplazan
lo erótico por lo obsceno, haciendo público lo
privado, y por lo tanto, impúdico u ofensivo al pudor.
Para otros, este tipo de productos ayudan a erotizar la vida
de muchas personas que, por su educación o situación
de vida, no han podido desarrollarse eróticamente.
Si bien es difícil buscar generalidades en el plano de
la sexualidad humana, ámbito de libertad por excelencia,
la experiencia muestra que estas distorciones han llevado a
las sociedades occidentales a padecer de una profunda insatisfacción.
Nos ha llevado a desperdiciar la inmensa riqueza del lenguaje
del cuerpo, la seducción, la elevación que propone
el erotismo como manera plena de comunicación humana.
Al reemplazo de todo aquello por el exhibicionismo que llevará
a un encuentro con el sexo, no con el otro.