¿Qué es el transexualismo?
Estas personas sienten que su cuerpo y caracteres genitales
no son congruentes con su identidad de género.
Genitales y género
Por lo general, los caracteres sexuales secundarios y los órganos
genitales de uno u otro sexo están acompañados
con una congruencia de identidad de las personas. Sin embargo,
algunos individuos sienten que su cuerpo y caracteres genitales
no son congruentes con su identidad de género, es decir,
con la percepción subjetiva de ser masculino o femenina.
Así, un individuo dotado de genitales propios de varón
puede sentirse e identificarse con el género femenino,
o viceversa, una persona que presenta caracteres sexuales propios
de la mujer puede percibirse a sí misma como perteneciente
al género masculino.
La experiencia de estas personas en el campo familiar y social
puede presentar dificultades de adaptación y no poco
sufrimiento. A su vez, su paso por la atención médica
suele ser algo traumático, sobre todo cuando no se elige
correctamente el especialista a quien se ha de recurrir. Estos
profesionales relatan que la experiencia de los transexuales
es la de sentirse presas en un cuerpo que no lo acompaña
con sus sentimientos.
Si lo definimos con un trastorno de la identidad de género,
podemos decir que no es muy frecuente en la población
general. Los números difieren de acuerdo a los sexos,
presentándose este fenómeno en:
o 1 de cada 30.000 personas con genitales masculinos
o 1 de cada 100.000 personas con genitales femeninos.
Reivindicación y diagnóstico
No puede decirse que el transexualismo sea un trastorno netamente
asociado a ambigüedades genitales o anomalías genéticas,
lo cual sucede en la ínfima minoría de los casos.
La mayoría de las personas que solicitan atención
por este trastorno son hombres que reivindican una identidad
de género femenino. Ellos vivencian como repulsivos sus
órganos genitales y rasgos masculinos. Muchos de ellos
llegan al médico solicitando una intervención
quirúrgica y un tratamiento hormonal que aproxime su
aspecto físico al género con que se identifican,
y no tanto una terapia psicológica para diluir ese sentimiento.
En general, pueden ya haber pasado por diversas terapias sin
conseguir aliviar su sufrimiento.
Para que sea diagnosticado este trastorno, y los posibles abordajes
terapéuticos como la intervención para el cambio
de sexo, deben darse ciertas condiciones. El diagnóstico
se aplica solamente si el trastorno se ha mantenido durante
por lo menos 2 años en forma permanente, no limitado
a períodos de estrés. Es muy importante -y muy
difícil a la vez- diferenciar a las personas verdaderamente
transexuales de individuos con hábitos de travestismo,
con rasgos de angustia, personas esquizofrénicas que
presentan conflictos de identidad de género e individuos
con trastorno primario de la personalidad denominado borderline.
De hombre a mujer
El transexualismo masculino comienza en la primera infancia
y se manifiesta en la participación en los juegos de
niñas, con fantasías de ser una de ellas. En general
evitan juegos típicamente masculinos, como el fútbol,
la lucha, etc. Los cambios físicos de la pubertad son
vividos con un gran malestar, lo cual lleva a muchos de ellos
a demandar un tratamiento hormonal feminizante.
Existen diversas maneras de adaptación que las personas
que viven con este trastorno pueden ensayar por sí mismas
o requerir a modo de tratamiento médico profesional.
Algunos individuos genitalmente masculinos adoptan un rol de
género femenino en su vida social, muchas veces en forma
satisfactoria para ellos y convincente para el entorno. Adaptan
su aspecto hasta llegar a ser más femeninos y en ocasiones
llegan a obtener un status relacional y laboral que les permite
desarrollarse en la sociedad como mujeres.
En otras ocasiones se requiere de una mayor adaptación,
que incluye desde consumir dosis moderadas de hormonas feminizantes
hasta solicitar una cirugía para el cambio de sexo. Esta
decisión no es fácil, ya que implica importantes
conflictos sociales para la persona interesada y conflictos
éticos para algunos médicos. Incluso existen en
muchos países trabas legales que no permiten ese tipo
de práctica quirúrgica.
Transexuales adaptados
Existe ya una experiencia importante en el seguimiento de casos
de transexuales con operación de cambio de sexo. Esta
cirugía ha ayudado a un número importante de ellos/as
a ser más felices y llevar una vida más productiva.
Por ello, se la considera justificada en personas muy motivadas,
correctamente diagnosticadas de transexualismo, con un medio
social y laboral estable y que han pasado la prueba de vivir
desempeñando un rol de sexo opuesto durante un tiempo
prudencial, que puede ir desde 1 a 2 años.
Muchas veces, antes de realizarse la intervención, se
requiere de un apoyo profesional que los ayude a mostrarse en
público con su nueva imagen, lo que incluye aprender
a gesticular y modular la voz. Es muy aconsejable la participación
en grupos de autoayuda, denominados de apoyo de género.
Como dijimos, el transexualismo en personas nacidas con genitales
femeninos es menos frecuente, pero se observa cada vez más
en la práctica médica y psiquiátrica. La
persona solicita un tratamiento que puede incluir:
o mastectomía,
o histerectomía y ovarectomía,
o hormonas androgénicas.
Éstos últimos son preparados a base de éster
de testosterona, útiles para cambiar la voz y estimular
una musculatura y una distribución de la grasa más
masculina.
En algunos casos también se solicita la cirugía
plástica para el implante de un falo artificial o neofalo.
Igual que en el caso de los transexuales que pasan de hombre
a mujer, estas pacientes deben cumplir una serie de criterios
establecidos y haber vivido en el papel masculino al menos durante
un año.