¿Qué es la perspectiva de género?
Sexualidad, sexo y género son conceptos conectados significativamente,
pero hay importantes diferencias entre ellos.
Aclarando conceptos
Mucho se habla en la actualidad acerca de la perspectiva de
género, desde la cual se intenta explicar y comprender
algunas de las más importantes problemáticas personales
y sociales: la sexualidad, la salud, la educación, el
trabajo, etc.
Incluir en el análisis la perspectiva de género
significa tener en cuenta el lugar y el significado que las
sociedades dan al varón y a la mujer en su carácter
de seres masculinos o femeninos. Este significado varía
de cultura en cultura y de época en época.
Es necesario distinguir entre algunos conceptos que, si bien
están conectados significativamente, no son sinónimos
aunque se los use muchas veces como tales: sexualidad, sexo
y género. Así, podemos definir sucintamente estas
realidades:
o El sexo se refiere a las diferencias biológicas entre
varón y hembra. Esto incluye la diversidad evidente de
sus órganos genitales externos e internos, las particularidades
endocrinas que las sustentan, y las diferencias relativas a
la función de la procreación.
o El género es un concepto cultural que alude a la clasificación
social en dos categorías: lo masculino y lo femenino.
Es una construcción de significados, donde se agrupan
todos los aspectos psicológicos, sociales y culturales
de femineidad/masculinidad. Por lo tanto, la acción de
la sociedad es definitiva para su aprendizaje y desarrollo.
o La sexualidad se refiere a cómo se viven y cuáles
son las conductas y las maneras en que se realizan las prácticas
sexuales, la seducción, los deseos y placeres eróticos,
siempre influidos por las pautas y reglas sociales que impone
cada cultura.
La antropología y la sexología han aportado este
importante dato que ayuda a comprender mejor la acción
de la sociedad sobre la definición de roles y expectativas
individuales. "Por ejemplo, las investigaciones comparativas
entre adolescentes de las Islas de los Mares del Sur y de los
Estados Unidos que realizó la antropóloga Margaret
Mead a mediados del siglo XX, revelaron que es la sociedad la
que enseña a sus miembros a comportarse como hombres
o como mujeres y que este comportamiento cambia de acuerdo con
la época y lugar en que se vive." (1).
La asignación
Puede decirse que sexo, sexualidad y género son tres
caras de una misma realidad que, encarnadas en las personas,
dan una amplia gama de patrones de personalidad y comportamiento.
En un sentido grupal hombres y mujeres, o seres masculinos y
femeninos, tienen unas expectativas, unos derechos y unas obligaciones
que los diferencian. Estas disimilitudes muchas veces repercuten
en su salud y calidad de vida en general. En las culturas occidentales
y especialmente en las latinas, por ejemplo, el hombre está
mucho más expuesto a ciertos peligros innecesarios como
los accidentes de tránsito y la adicción a las
drogas, incluyendo el abuso de alcohol. Su rol social no sólo
le permite tomar más riesgos, sino que lo alienta a hacerlo.
En otras culturas, el status inferior de la mujer la ubica en
una situación más vulnerable.
El cumplir con uno u otro rol está influido más
que ningún otro aspecto por la constitución biológica:
"Desde el momento mismo del nacimiento, la sociedad asigna
a la persona un género a través del médico,
la partera, la familia, basándose en la observación
de los órganos sexuales externos. Esto modificará
la vida futura de ese individuo, el cual recibirá por
ello un trato diferencial según esa asignación
sea masculina o femenina. La familia, la escuela, el entorno
social, los medios de comunicación, serán los
encargados de transmitir una serie de valores relacionados a
esa diferenciación." (1)
Esta asignación tiene sus riesgos, como en el caso de
las personas hermafroditas o pseudohermafroditas, cuya realidad
externa no se condice con su realidad interior. Pero aún
cuando el sexo biológico (exterior e interno) sea unívoco,
existen personas que podrán reasignar su género
a partir de elementos psicológicos, educativos, culturales,
etc.
En el plano social, tanto la sexualidad como el género
son estructuras que pueden ser transformadas. A pesar de estar
reglamentadas por el Estado y la sociedad en todas las épocas
y culturas, los seres humanos han promovido cambios en las conductas
y en las políticas de sexo o género. Y muchos
de esos cambios han repercutido en la calidad de vida general.